• febrero 7, 2020
  • KARINA ELIAN
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CLÁSICOS EN ODISEA DEPORTIVA

Karina Elián Salinas

El ingenio literario de “William Shakespeare”, se caracterizó entre algunas cosas por la preocupación en los oscuros sentimientos humanos y sus consecuencias, los cuales evidentemente vemos reflejados en las tragedias del  autor inglés.

Uno de los títulos que describe justamente dichos resultados, (en este caso creados por “los celos”), es sin duda la magistral obra de “Otelo”.

La historia nos entrelaza precisamente en los celos infundados del moro, quien da nombre a dicha obra. 

Designado al servicio de la República como general del ejército veneciano, Otelo tiene como tarea principal defender a la isla de Chipre. Y es precisamente en esta odisea cuando comienza su tortura, debido a los malos consejos de su lugarteniente “Yago”.

La furia de dicho personaje en contra de Otelo surge al nombrar a “Casio”, como teniente en lugar de él, desde ese momento al sentirse desplazado inicia su venganza en contra del moro con el objetivo de destruir su carrera militar. 

Dicha estrategia consiste en crear sospechas de una supuesta infidelidad por parte de la esposa de Otelo, su amada “Desdémona”.

Dichos acontecimientos llevan al extremo de la locura a nuestro personaje principal, concluyendo como ya sabemos en un desgarrador desenlace.

Sin conocer fechas concretas de algunas publicaciones de Shakespeare, se especula que su carrera literaria se dividió en cuatro periodos basados en la crónica del tiempo que el autor vivía, permitiéndole agregar a cada una de ellas parte de sus experiencias personales.

En el llamado tercer periodo, el dramaturgo escribió las obras cuyo contenido, permiten que sean catalogadas por la crítica, como sus mejores tragedias, dentro de ellas “Otelo”, publicada aproximadamente en 1604.

Este libro representado en cinco actos, descritos en verso y prosa, nos permite ver más allá de los sentimientos de los personajes, estremeciéndonos en cada frase. Como la desgarradora línea que Otelo dedica al final a su amada Desdémona:

 “Esposa mía, quise besarte antes de matarte. Ahora te beso, y muero al besarte”.

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