• diciembre 27, 2019
  • KARINA ELIAN
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Por  Karina Elián Salinas

Lo hemos escuchado varias veces, de súbito conectamos con esa pieza que emite sonidos de una profunda tristeza, ya sea en su edición original o en algunas de las versiones que lo han utilizado, pero ¿Qué hay detrás del más famoso Réquiem de Wolfgang Amadeus Mozart?

Para comenzar debemos saber que la melodía nunca fue terminada, ya que el compositor falleció mientras trabajaba en ella.

Se dice que en alguna ocasión un hombre misterioso visitó a Mozart en su casa de Viena para pedirle que compusiera un Réquiem (pieza usada para acompañar el texto que se emite en la misa de un acto fúnebre).  Dicho hombre jamás le dio datos, ni de él, ni de la persona para quien sería la pieza, pidiéndole que no investigara más sobre el tema.

El músico aceptó el trabajo, comprometiéndose a entregarlo en 30 días, pero paralelamente trabajaba en la ópera para la coronación de Leopoldo II de Austria como el rey de Bohemia, y además componía “La flauta mágica”, otra ópera. Por tal motivo aplazó el réquiem, hasta que el hombre misterioso apareció nuevamente y le preguntó por la pieza.

Tal evento lo llevó a sentir que recibía una especie de “mensaje del más allá”, convencido de que la pieza estaba destinada para su propio funeral, y de nuevo retomaría la composición. 

Al contar con las tres primeras secciones, los coros y parte instrumental, de repente enfermó cayendo en cama. Por ello dio instrucciones a su alumno “Franz Xaver Süssmayr”, para continuar la obra.

El músico jamás conocería su obra terminada, falleció el 5 de diciembre de 1791. Finalmente su presentimiento se cumpliría pues una parte de su melodía sonó en una misa celebrada en su honor cinco días después de su partida.

MITO O REALIDAD

Por otra parte, Otto Erich Deutsch, biógrafo de Mozart, reveló que en realidad el hombre misterioso era un emisario del conde Franz von Walsegg-Stuppach, quien solía contratar los servicios de los músicos para al final apropiarse de las composiciones.

La esposa del conde había muerto días atrás, así que él ordenó contratar los servicios de Mozart pidiendo discreción pues su idea era presentar el Réquiem como suyo, por lo cual el hombre no reveló su identidad, ni del conde, ni mucho menos de la condesa fallecida.

FINALMENTE LA PIEZA SURGE

 El lanzamiento completo de la obra se llevó a cabo en Viena, en 1973. El conde finalmente recibió su encargo y aunque intentó hacer pasar la obra como suya en un servicio en honor a su esposa que se llevó a cabo en diciembre de ese mismo año, la pieza pasó a la historia como la última composición de Mozart, bajo el nombre de Réquiem en re menor K.626 también conocida algunas veces como Lacrimosa; por su parte final.

Mozart alcanzó a componer las tres primeras partes de la obra (Introitus, Kyrie y Dies Irae) dejando anotaciones para las dos siguientes (el Domine Jesu y el Agnus Dei). Las últimas secciones de la pieza (el Sanctus y el Communio) fueron compuestas completamente por Süssmayr, quien utilizó temas que Mozart ya había usado al inicio del Réquiem.

La pieza pasó a la historia y se ha utilizado en diferentes servicios fúnebres a lo largo de la historia. Para no ir muy lejos, sonó durante el funeral de Gabriel García Márquez, en abril de 2014.

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