• julio 21, 2020
  • Alejandro Delfin
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Eludiendo todo tipo de obstáculos y todavía lidiando con otros, el beisbol de las Grandes Ligas está a punto de volver a escuchar la mágica palabra que enloquece a millones de fanáticos: “playball”, sobre todo después de 267 días de larga espera, desde aquel último “out” cantado por los ampayers y con el que los Nacionales de Washington lograron coronarse por primera vez desde su fundación tras vencer a los Astros de Houston.
El próximo jueves 23 comenzará una temporada atípica y muy corta, de tan sólo 60 partidos de temporada regular en lugar de los 162 acostumbrados, con 40 duelos de cada novena ante rivales de la misma división (20 de local y 20 de visita) y solamente 20 contra contrincantes de la otra liga (10 de local y 10 de visita).
Serán sólo 3 meses incluyendo playoffs y Serie Mundial, 90 días de emociones a granel porque con el calendario recortado cada juego contará más que nunca y cada acierto, hit, homerun, strike o ponche, así como cada error, cada base por bola o wildpitch, costarán muy caro.
Sin embargo no habrá público en las gradas para aplaudir o chiflar, para ovacionar o abuchear. Será algo muy duro jugar en estadios vacíos, con cubrebocas, sin festejos ni tabaco, sin abrazos ni felicitaciones.
Y ante la premura habrá que acortar los tiempos de juego por lo que entrarán en vigor varias modificaciones a las reglas, como la de  que no habrá que tirar las 4 bolas para otorgar una base y con avisar al ampayer bastará. O también la de que un relevista tendrá que enfrentar a 3 bateadores distintos como mínimo, e incluso que cuando haya extrainnings el equipo que batea tendrá desde el inicio un jugador en segunda base para que los juegos se resuelvan más rápidamente.
Además ambas ligas podrán utilizar bateador designado, no se permitirán señales del catcher tocándose la cara, no habrá intercambio de tarjetas de alineación inicial entre los equipos y no habrá botargas animando a sus equipos ni “bat boys” ayudando a los peloteros. 
Por supuesto y muy importante, no faltarán protocolos sanitarios y hasta parecerán demasiado exigentes, pero ni así se eliminarán por completo los riesgos de uno o varios contagios, ante lo que quien resulte afectado tendrá que acatar las disposiciones de confinamiento sin reclamar ni negarse, porque a todos los peloteros se les preguntó si querían jugar o no, sin amenazas ni consecuencias.
La del 2020 será la temporada de Grandes Ligas más corta de toda la historia y está a punto de arrancar, así que no hay más tiempo que perder.

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