NADA MAS LE COSTO 340 MILLONES DE EUROS.

La mentalidad del fútbol inglés siempre fue la de marcar diferencias y ser referentes. Esa fue su fuerza natural, querer ser siempre líderes. En lo meramente deportivo, quizás no siempre lo lograron, porque durante muchas décadas, el fútbol era ese deporte que, según su visión, ellos habían inventado y ellos jugaban mejor que ningún otro. Se cerraron en su territorio, ignoraron al resto del planeta y cuando tocó asomarse para competir con ellos, unos Mágicos Magiares húngaros les hirieron tanto con dos goleadas inesperadas, que su ego se vio debilitado y empezó a temblar toda su estructura futbolística. Sin embargo, el envoltorio, la mística romántica de sus tradiciones y la facilidad con la que los hinchas ingleses se acercan a sus colores, siempre les permitió mantener ese estatus de liderazgo conforme el fútbol iba buscando un camino mucho más vinculado al marketing, las inversiones y la búsqueda de negocio. Ahí, el nacimiento de la Premier League a inicios de los 90, puso el punto clave de la historia del fútbol moderno en las Islas y el primer ladrillo sobre el que edificar una estructura de imagen, mundial exitosa en cualquier rincón del planeta.

Lo asentado de sus bases futboleras y la devota masa social que demanda focos, fue el gran elemento de atracción para cientos de multimillonarios, inversores y adinerados bolsillos de los principales motores financieros del mundo. Los clubes de la Premier son la tentación exhibicionista de todo magnate con egocentrismo supino, pues representa no sólo poseer un enorme epicentro dentro del mayor conglomerado de millonarios, sino saber con categórica seguridad, que seguirá creciendo su valor conforme pasen las temporadas. Tal fue la llamada de atención que fueron vociferando los clubes ingleses a ojos de sus posibles compradores que, a día de hoy, sólo TottenhamCrystal PalaceBrighton, Norwich y Burnley, tienen dueños ingleses. ¡Ojo! Sólo cinco de los veinte que forman el máximo nivel del fútbol inglés.

Los otros quince, están en manos de millonarios extranjeros, que han ido multiplicando sus dividendos gracias a su exposición del fútbol y los nuevos mercados que les permite generar en sus empresas. El Manchester United está en manos de la familia Glazer (aunque les está llevando a la ruina por sus fracasos comerciales). El Manchester City cambió su historia de club simpático incapaz de encontrar estabilidad, por la gigantesca ola de millones del jeque Mansour Bin Zayed (que les hizo ser competitivos como nunca y, de paso, estar dentro de todos los debates sobre su limpieza en el fútbol). El Arsenal hace tiempo que responde a Stanley Kroenke, capaz de gestionar franquicias gigantescas en NBA o NFL pero incapaz de dar serenidad a su proyecto Gunnerpost-Wenger. El Liverpool es de John Henry, que aprovechó la grandeza de un club con solera que sí tenía margen de crecimiento porque llevaba décadas alicaído, para impulsarlo con la figura de Klopp y un proyecto sólido como no se recordaba. Y, desde luego, el Chelsea, que nunca fue club poderoso ni competitivo hasta la llegada de Roman Abramovich hace ya casi dos décadas, en lo que supuso el verdadero golpe de efecto para el cambio de mentalidad reinante entre los grandes del fútbol inglés, que trabajan desde entonces como empresas y no como clubes de fútbol.

En cuestión de días, o quizás horas, el Newcastle va a ser el siguiente en unirse a la lista de los más millonarios no sólo de Inglaterra, sino del mundo. Un club que lleva casi un siglo sin ganar un titulo del campeonato nacional (el último lo logró en 1927) y 65 años sin levantar un torneo copero (la FACup de 1955 fue su última sonrisa), pero que siempre sostuvo una base de hinchas prácticamente inamovibles de su asiento tanto en los dolorosos descensos como en los también dolorosos retornos a la elite. Desde que a principios de siglo, exactamente desde el año 2003, las Urracas no han vuelto a situarse entre los más grandes del país, pues ese curso fue el último en el que disputaron la Champions League. Poco después, en 2007, llegaría Mike Ashley, un dueño que nunca convenció y que llevaba años intentando sacarse de encima al gigante del Noreste de Inglaterra entre polémicas, debates y bochornosas decisiones año tras año, donde sobrevivía con lo mínimo. Ahora, el mismísimo príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohammed Bin Salman, va a comprar el club por unos 344 Mill€ (sólo queda la aprobación definitiva de la Premier League, que inspecciona las cuentas, la finalidad y la limpieza de todo lo que tenga vinculación con los árabes) y dará un paso más en lo que respecta a la fuerza financiera del fútbol inglés pues, con cifras en la mano, Bin Salman es aun más acaudalado financieramente que el líder monetario del campeonato, el jeque Mansour bin Zayed, dueño citizen.

Las voces en torno a la mastodóntica compra del Newcastle, pronto han generado dudas y alegrías a partes iguales. Nadie puede ignorar que insertar a Arabia Saudita en la adquisición, nunca a representará algo baladí, pues el régimen y sus costumbres o modelos de conducta, son diferentes a las de la vida en Europa, pero como ya ha sucedido últimamente en otros clubes contagiados de esa ética, la interrogación apenas dura días (así es el ser humano, claro), pues al final, los nuevos propietarios serán juzgados como cualquier otro dueño, únicamente en base a cómo sostengan su relación con los hinchas y cómo sean capaces de gestionar el club. Para un romántico del fútbol como quien escribe, suena doloroso decirlo en voz alta, pero es una realidad que el fútbol ahora tiene un componente de éxito absolutamente hermanado al dinero. Tener dinero por castigo es, hoy, la naturaleza de esta bestia llamada fútbol élite. Y, si no nos gusta que los inversores millonarios y extranjeros tengan influencia en nuestro fútbol, realmente, el primer nivel, lo elitista, lo ‘influencer’, no es para nosotros. En Newcastle sienten que, durante mucho tiempo, fue privado de tener ambiciones. Por ello, al final del día, todos mirarán a la clasificación y a la sensación de proyecto que sabe lo que hace y, si eso es así, que tiene tintes de mostrarlo muy rápido, nadie dudará. Y es que, siendo honestos, al final, los negocios son negocios y cada hincha del Newcastle cree ahora mismo que el cambio de líder es una oportunidad definitiva recuperar la aureola de gran club. Y es que trece años aguantando la losa de un dueño al que todos habrían despedido el día uno, es algo difícil de empeorar, por mucho que la bandera que ahora vaya a reinar en St James Park sea la de un país siempre polémico como Arabia Saudí.

Desde ahora, el Newcastle pasará a ser uno de los grandes del fútbol europeo y, de inicio, eso supondrá un cambio drástico en su modelo de gestión, mentalidad y realidad de proyecto. Un club gigante por su masa social y que, además, alimentará el fútbol elitista más allá de Manchester o Londres, siempre será un estímulo increíble para la Premier, que estirará sus brazos buscando nuevos retos en diferentes epicentros. Empezará a gastar mucho más en fichajes de renombre, se romperá constantemente su récord de transferencias y tendrá que remodelar diferentes aspectos algo anticuados en el club.

El primero, tiene que ver directamente con su líder en el banquillo. Tras Rafa Benitez, que hizo milagros para ascender y mantenerse en la Premier con gasto mínimo y un estilo estrictamente defensivo, ha seguido Steve Bruce, intentando mantener aquella propuesta simplista pero efectiva a largo plazo. Y, aunque no emociona, el Newcastle está en Cuartos de Final de FACup e iba 13ª a 7 puntos de zona de descenso, antes de que la pandemia del Covid 19 lo frenara todo. Es decir, que iba a salvarse sin demasiados problemas salvo catástrofe negativa al final de curso.

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