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LOS LÍOS EN LAS AUTORÍAS – dolphin all sport
  • febrero 14, 2020
  • KARINA ELIAN
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Por Karina Elián Salinas

La disputa de los derechos en las canciones es todo un tema de controversia, pues sin importar género o año de edición, los contratiempos en cuanto las autorías siempre están presentes.

En ocasiones esos dilemas salen a la luz y dejan una fuerte polémica alrededor, un caso específico fue en el 2013 cuando tanto Robin Thicke como Pharrell Williams, creadores de la famosa canción “Blurred Lines”. Se toparon con pared en pleno apogeo de su lanzamiento, ya que los problemas de autoría no se hicieron esperar.

Y es que el nombre del cantante Marvin Gaye surgía, pues sus herederos demandaron a los intérpretes por plagio a la famosa canción de su padre, así es nos referimos a la inolvidable “Got To Give It Up”, lanzada en 1977 con un éxito rotundo, recordemos la famosa pieza:

El fallo resultó a favor de los hijos de Gaye, y consecuentemente Robin Y Pharrell fueron obligados a pagar 7.3 millones de dólares a la parte afectada por concepto de regalías, es decir casi el 50% del capital total generado por la misma “Blurred Lines”.

Los cantantes no tuvieron mayor remedio que aceptar y pagar, pero era evidente su molestia, por lo cual Williams declaró que: 

“Si bien respetamos el proceso judicial, estamos muy decepcionados en el fallo hecho hoy, que establece un precedente terrible para la música y la creatividad en el futuro…”

Pharrell aseguró que se trataba de un retroceso para la industria musical, ya que según él la pieza fue creada desde su mente, alma y corazón sin ser tomada de nadie, mencionando también que se sabría más de ellos en cuanto a sus composiciones y ritmos.

El tiempo ha seguido su curso y el hijo del desaparecido Alan Thicke, ya no ha sonado como se esperaba debido al revuelo que obtuvo en ese año con su sonada pieza y su aclamado video. Por lo que podemos afirmar que las profecías musicales de Pharrell, no fueron tan certeras ni lo pusieron tan “HAPPY”, como él acostumbra vivir.

Como siempre ustedes tienen la última palabra, y podrán decidir al escuchar ambas piezas, si se trató de un plagio o una simple coincidencia melódica.

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