Por René Sánchez 

Lo conocí cuando tenía 15 años y él seguramente no rebasaba los 30, al principio no entendía porqué alguien que no tenía puesto alguno en la estructura del Comité Olímpico Mexicano, ni de la Federación Mexicana de Futbol, se preocupaba porque los que integrábamos la Selección Amateur tuviéramos todo lo necesario para entrenar y comer adecuadamente. 

Los compañeros de aquel equipo bromeaban mucho con él por su poco conocimiento del español, pero a Jimmy Goldsmith nunca le importó y siempre trató de llevar una relación de amistad con todos y cada uno de los jugadores. 

Nos conseguía y regalaba uniformes enojado por la poca atención y  el burocratismo de los dirigentes de aquellos días. Y él pagaba todo lo que podía de su bolsa. 

Es cierto que era millonario y que podía darse esos y otros lujos, pero nunca nos echó en cara esa situación ni tampoco se vanagloriaba de sus acciones. Simplemente vivía feliz compartiendo, cerca del futbol su gran pasión y queriendo hacer amigos para toda la vida.

Era berrinchudo sí, tal vez, pero como un joven que busca su lugar en la vida, como nosotros en aquella época. Pero pasó el tiempo y como siempre sucede cada quien tomó su camino y le perdimos la pista un tiempo hasta que la FMF por fin se dió cuenta de su valía y lo integró a sus filas como Asesor, como Consejero, como Agente de Viajes, como Jefe de Relaciones Públicas y hasta como Tesorero pero sin contrato ni sueldo porque Jimmy seguía abriendo su cartera por el bien del futbol mexicano, por el bien de los jugadores. 

Pasó el tiempo y tomó cargos fijos y más importantes ya dentro del organigrama oficial pero no tardó en darse cuenta de muchas cosas turbias y prefirió irse, vivir cerca del mar, lejos del ruido y los intereses extraños hasta que se animó a comprar su propio equipo y darle oportunidad a los jóvenes mexicanos en Cihuatlán y luego en Colima. 

Estuvo muy cerca de formar parte de la Liga de Ascenso pero fue honesto y prefirió mejor no participar que quedar a deber y prometer lo que no cumpliría como hacen otros. 

Y hoy que falleció Jimmy Goldsmith, de un infarto, sólo puedo sentir nostalgia y tristeza por verlo partir con la sensación de que no se aprovechó completamente el talento de alguien que con un gran corazón, lleno de ideas e inquietudes, con alma blanca y mente brillante, siempre dió todo lo que podía, a su estilo, con sus gustos, con sus preferencias y creencias, con sus defectos y virtudes, siempre como nosotros, porque bien pudo ser un príncipe en su país, pero Jimmy prefirió ser un mexicano más. 

¡Descansa en paz Jimmy Goldsmith!

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